Por: Daniel Montoya

Qué pasa cuando dejamos nuestra propia salud emocional y, en casos extremos la misma salud psicológica, por un lado y dejamos también que nuestros sentimientos guíen nuestra vida. Cuantas veces no nos preguntamos porque nos pasan tantas cosas negativas y aun así seguimos haciéndolas o dejando que los sentimientos nos guíen, volvemos a caer en un círculo vicioso que como lo dice la misma palabra, es un hábito negativo que aparenta ser bueno pero a la vez en realidad lo único que trae es daño.

Posiblemente este escenario recuerda a alguna relación amorosa en la que nos hayamos visto involucrados o conocemos a alguien. La verdad es que cuando una persona, sin importar la edad deja que sus sentimientos controlen su vida no la llevara a nada bueno aunque parezca. Enfoquémonos directamente en las relaciones de pareja, muchos creen que una relación “sentimental” solo involucra sentimientos pero no, al contrario, es lo que menos debe llevar, claro cuando estas están fundamentadas con la razón y, un compromiso sincero y verdadero por ambas personas, los sentimientos juegan un papel importante pero no protagónico.

Los sentimientos nos traicionan constantemente. La persona sentimental sufre mucho ya que antepone su sentir ante la razón, meditación y reflexión de sus acciones y pensamientos. Cuando uno tiene la voluntad fortalecida por Dios de hacer las cosas correctas, es necesaria una vida de oración bastante grande para que Dios ayude a seguir su voluntad y no la nuestra. La necedad de que se cumpla lo que queremos sin saber si esto es bueno o peor aun sabiendo que es malo y todavía lo queremos. Es decir sabemos conscientemente que el estar con alguien te hace la vida infeliz, te lastima y te hace llorar, porqué no  lo dejamos para continuar con nuestra vida, es como si intentáramos caminar a través de una pared, ¡NO SE PUEDE!  Dios nos habla en un lenguaje complicado para nosotros, porque es simple, sencillo y claro; y a nosotros nos fascina complicar las cosas.

Ya analizamos que el actuar con los sentimientos y necedad son completamente humanos, así como estamos llamados a la santidad como  cristianos, para poder mejorar en estos aspectos se han identificado tres áreas grandes que nos pueden ayudar en nuestra relación con nosotros mismos, con las relaciones interpersonales  y con el mismo Dios.

La primera, amor propio, ahora tenemos uno de los temas más complejos en cuanto a la aceptación de la personalidad individual, en que es complicado e incomodo aceptar nuestros defectos y debilidades. Al momento de hablar de amor propio se puede llegar a confundir con el egoísmo por no estar siempre a disposición de los demás, por eso es importante encontrar la diferencia entre egoísmo y amor propio. El amor propio es aceptar y reconocer que es importante cuidar de nosotros mismos y de nuestras necesidades físicas, emocionales, mentales y espirituales, también reconocer que si no nos cuidamos a nosotros mismos nunca seremos capaces de dar amor. El amor propio es saber reconocer lo que necesitamos en distintas situaciones, estemos bien o estemos mal, por ejemplo si no tienes ganas de salir con tus amigos y quedarte en casa viendo televisión o leyendo un libro para descansar del ruido de la semana, aunque te estén insistiendo en salir. En caso contrario el egoísmo consiste en buscar lo mejor para uno mismo sin preocuparse de lo que necesitan los demás, o sea que ahora el motivo para relacionarnos con los demás siempre se verá con un interés adicional. Como llevamos una vida cristiana tenemos el mandamiento de amor incondicional, entonces podemos llegar a pensar que el amor propio no nos deja amar incondicionalmente, pero primero es necesario querernos incondicionalmente y desde nosotros mismos irradiar ese amor al mundo. Los límites son parte del amor incondicional, estos sirven para defendernos de las cosas que nos dañan. Siempre que alguien abuse se nosotros en forma física o verbal, se oponga a nuestros sueños y a nuestras metas o consiga que nos sintamos mal a su lado, tenemos derecho a protegernos y poner tierra de por medio. Vivir en un estado de amor no quiere decir que vivamos como mártires, si nosotros amamos a una persona que nos trata mal no quiere decir que debemos dejarla de amar, ya que Dios sabe que todos necesitamos de cariño, pero es muy importante que sepamos establecer los límites dentro de los cuales queremos relacionarnos con ella. No estamos diciendo que salgamos con una persona que nos trata mal o que nos ataque verbalmente; al contrario tenemos que saber elegir a otra persona que sea capaz de amarnos y nos haga pasar momentos agradables. Esto no es egoísmo, sino simplemente saber cuidarnos y la única forma que podemos desarrollar la paciencia y la tolerancia que nos permitirán amar a otros incondicionalmente.

La segunda, las relaciones interpersonales. Cuando se esta en una relación amorosa es fundamental tener una buena autoestima y saber identificar bien cuando uno tiene o esta en peligro de tener una desilusión. Si bien es cierto parte fundamental de una relación es la entrega y la renuncia de sí mismo para el otro, es importante que esta sea dentro de lo sano. Así como la entrega de la otra persona hacia uno, solo de esta forma será recíproco el sentimiento y el camino en la relación irá en paz.

El amor es un afán de entrega y de posesión, y de sentirse recibido y poseído, esto pretende llegar a lo más intimo, pero es imposible para el ser humano llegar a esta plenitud de identificación, por esto  mismo no se pretende llegar a alcanzar de modo pleno, ya que esto causaría muchos daños y desilusiones. O sea uno no debe de tener grandes expectativas o buscar llenar un vacio con otra persona porque esto es imposible, solo el amor de Dios puede llenar completamente a una persona. Cuando se busca la plenitud del amor en una relación interpersonal es un grave error, ya que NUNCA se vera completa.

Podemos tener una idea más clara del amor en una relación interpersonal en Romanos 12, 9-16; allí nos explica como debe de ser una vida cristiana orientada al amor. El amor tiene que ser sincero, que haya verdadero cariño, tratar al otro con respeto, tener esperanza o sea paciencia y alegría, bendecir a los que nos han hecho algún daño y no maldecirlos, alegrémonos con los alegres y lloremos con los que lloran, en general vivamos con armonía los unos con otros.

Siempre queda la posibilidad de que una relación termine mal, cuando esto sucede la reacción de muchas personas es tener un concepto negativo de la otra persona por el daño que esta sufrió durante y al finalizar la relación, pero como rezamos en el Padre Nuestro, tenemos que perdonar a los que nos ofenden. No busquemos sentirnos bien tratando de encontrar cosas negativas en la otra persona o hablando mal de ella. En Sirácida 28, 1-7 allí nos hace pensar en la muerte y recordar que la vida es corta y no es bueno guardar rencor con nadie, en este caso con algún ex – novio/a. Es importante perdonar ya que en el perdón se encuentra la verdadera paz y la felicidad. Dejemos por un lado el daño causado y no guardemos rencor porque el rencor nos va quitando la vida poco a poco.

La tercera, Amor a Dios. Comentábamos anteriormente que solo el amor de Dios puede llenar plenamente a una persona, por esto mismo es necesario que todos tengamos una buena relación primero con Dios y consigo mismo, solo así encontrará esa plenitud en El y solo por El. Pero como podemos llegar a tener una buena relación con Dios si no tenemos mucha oración, podemos ir a misa o a algún grupo pero eso no es estar con Dios, sino en si estar con El es profundizar en la oración y desarrollar la confianza en El, solo así podemos dejar que se cumpla su voluntad y  su plan perfecto que tiene preparado para cada uno.  Solo a través del  amor podemos dejar que se haga la voluntad de Dios en nuestras vidas, de paso por la humildad para aceptarlo, teniendo la confianza de que simplemente quiere lo mejor para nosotros. Al dejar que se cumpla su voluntad  encontramos una paz increíble que no solo nos hace sentir bien, sino que sabemos fuertemente que al final todo terminará bien. En 1 Corintios 13, 4-7 podemos ver una muestra del amor de Dios, vemos que el amor que se describe es casi un amor imposible, pero solo imposible para los humanos, para Dios no hay nada imposible, podemos decir que esta es la forma en que Dios nos ama, aquí nos damos cuenta de la plenitud de ese amor incondicional e infinito que El nos tiene. Entonces no perdamos el tiempo en buscar el amor pleno en las personas, la respuesta es simple el amor completo, esta en Dios.  Hay momentos que no sabemos que hacer,  veamos de nuevo el libro de Sirácida 34, 16-17 vemos que solo en El podemos encontrar ese consuelo, esa poderosa protección, un apoyo resistente que solo El nos puede dar en los momentos difíciles de nuestra vida.

Para concluir quiero dejarlos con una frase: “Nadie ama lo que no conoce”. Tenemos que conocernos a nosotros mismos para amarnos incondicionalmente y luego irradiar ese amor al resto del mundo. Conozcamos a las personas, veamos si estas nos convienen para lo que quiero en mi vida. Y por ultimo, pero no menos importante; conozcamos más de Dios, porque de El proviene el verdadero y único amor.

7 Respuestas para “La Voluntad de Dios: Verdadera Felicidad en el Amor”

  1. Diana dice:

    Montoya! :D Ya le dije que pensaba del y la verdad, es que si muy muy bueno! Hay tantas cosas ciertas ahi, que en verdad lo ponen a uno en que pensar… felicitaciones de verdad, no esperaba que me saliera escritor pero esta muy bueno el articulo!!! :D Cuidese mucho y un gran, graaaaaaaaaaaaaaaan abrazo! :D

  2. Rocio Garcia dice:

    Hola Daniel!!! Mil gracias por este artículo, la verdad, la semana pasada no lo leí completo pero hoy precisamente estoy teniendo un problema de estos… Y la verdad es cierto uno tiene que aprender a amarse tal y como es para luego darle amor a los demás; sobre todo agradecerle a Dios por todo lo que tiene y también porque es el centro de nuestra vida, como ud bien dice Él es el único que puede amar plenamente sin condición alguna… Gracias en serio por esas palabras de sabiduría que Dios le puso para que todas las personas que nos sintamos débiles en la fe, la podamos retomar.

    Saludos,

  3. mjgodoy dice:

    Creo que es necesaria, como tú dices, una vida de oración bastante grande y trabajar por alcanzar madurez de la personalidad, pero no creo que guardar, dominar o mermar los sentimientos sea la opción. No sólo la persona sentimental sufre mucho, la persona asentimental sufre mucho también. El secreto tal vez esté en el equilibrio, no lo sé, generalmente yo creo que me voy por los extremos jeje.

  4. diegojoachin dice:

    Las emociones son lubricante del motor racional. [Fooled by Randomness, Nicholas Taleb, de mis favoritos]

  5. DanielMontoya dice:

    Que tal mjgodoy, tenes razón en lo que decis que tiene que haber un equilibrio entre los rentimientos y la razón. Lo que trataba de recalcar es que no tenemos que olvidarnos de pensar en las relaciones interpersonales. Y tambien por medio de mucha oración es posible llegar a ese equilibrio que nos dará bienestar en la relación con nosotros mismos, con la pareja y mas importante con Dios.

    Y gracias por el comentario.

  6. DanielMontoya dice:

    Hola Rocio! Gracias por el comentario!!

    Me alegro mucho que le haya servido el articulo. Creo que todavia nos hace falta mucho para poder mejorar en ese ambito ya que el amor tiene muchas facetas y ademas es de las cosas mas misteriosas del hombre. No hay una formula que funcione para todos los casos. Pero de la mano de Dios todo es más fácil lo dificil es, que nosotros aceptemos lo que no dice y dejarnos llevar por su voluntad. Cualquier cosa ya sabe…

    Nos seguimos viendo.

  7. Salvador dice:

    En todo de acuerdo… da paz leerlo… pero un hombre y una mujer si están llamados a ser una sola carne y un solo espíritu… la plenitud en el amor, en una relación interpersonal es posible cuando el amor de cada uno de la pareja, asciende a Dios se purifica en el y desciende por medio de el a la pareja… El amor de Dios llenando plenamente a una persona esta destinado a ser plenamente compartido… pensar de otra manera sería soberbia o cobardía… El inicio, la mediación, el fin de todas la cosas es Dios, todo comienza y termina en su amor que hace al ser humano pleno… pero muchas son las vocaciones del amor, no solo la pareja…

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